Los tiempos han estado difíciles para todos por las razones ya conocidas y el encierro ha sido, en muchos casos, un mandato. Sin embargo, nos hemos adaptado a vivir distinto, a mirar distinto y a mirar lo propio como única opción por ahora. La idea de poder tener pruebas de unos pañuelos cartográficos surge en unas breves vacaciones sedentarias durante la pandemia, en un encierro reflexivo y sin viajes, sobre la belleza no vista de lo de aquí. En esa medida, lo local no solamente es bello en la inagotable biodiversidad y el sentir de las regiones de nuestro país, del cual por un tiempo nos privaremos los que estamos confinados en la ciudad; sino que también hay una belleza que amerita un souvenir de lo de aquí, lo de aquí de Bogotá. La ciudad en la que vivimos es maravillosa y eso, vivir aquí como única opción tentativa no solo es un mandato, sino que también es un privilegio.
Los pañuelos serían entonces, souvenirs locales de tiempos de quietud y contemplación, y por tanto quizás pretenden buscar otras formas de representación y apropiación de la ciudad que habitamos, la misma ciudad de la cual usualmente huimos sistemáticamente en las vacaciones -antes de la pandemia, y la misma ciudad que en ocasiones desconocemos.
B2020.
